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Homeopatia para animales




¿Podemos tratar animales con Homeopatía? No sólo los seres humanos pueden beneficiarse de este método terapéutico

A Santiago le trajo a la consulta un eczema en las manos que no le dejaba dormir en paz, cuando ya se sentía mejor y los picores no le molestaban, me pidió ayuda para otra causa de mal dormir que en ése momento le estaba agobiando. En su tiempo libre se dedicaba a la apicultura, más por pasión que como medio de vida. Claro que le gustaba obtener la miel pero cuando hablaba de su relación con las abejas, le brillaban los ojos de ésa forma especial que da el sentir amor por lo que se hace. Me explicó que una primavera excepcionalmente cálida y temprana había provocado una gran floración y ante la perspectiva de tan buena cosecha las colmenas habían incrementado su población para atender la generosa oferta. Ya se sabe que el clima es caprichoso y el invierno volvió como un eco cuando todos, flores, abejas y apicultores pensaban que ya se había ido. En éstos casos los sorprendidos insectos se tienen que refugiar en las colmenas que se encuentran superpobladas y faltas de espacio después de la fallida expansión. Vivir tan apretados les estresa de tal forma que comienzan con una especie de diarrea que pronto se extiende como una epidemia a todo el enjambre debilitándolo y pudiendo llegar incluso a hacerlo desaparecer. El tratamiento antibiótico convencional puede ser eficaz en ocasiones para contener la pérdida pero estropea definitivamente la cosecha de miel.

Para prescribir un medicamento homeopático de forma eficaz necesitamos entender el síntoma, en éste caso la diarrea, no solamente como un problema del aparato digestivo sino también y mucho más importante, como el resultado de una situación externa que se refleja en una sensación vital interna que afecta a la totalidad del individuo, en nuestro caso la colmena. Pero si no es fácil comprender lo que ocurre en el interior de otro ser humano que habla tu idioma y tanto se parece a ti, captar lo que estaban sintiendo aquellos insectos me parecía una tarea casi imposible. Santiago, sensible y conectado empáticamente con sus animales decía que lo que sentían, lo que se respiraba en el ambiente de la colmena era la angustia de la muerte y viniendo de él el dato era fiable. Así que ahí estaba la clave, la colmena tenía miedo de morir, y esto junto a la agitación y la diarrea debilitante me permitieron llegar a la conclusión de que Arsénicum Album podría ser el remedio de la situación.

Y ¿cómo se puede administrar un medicamento homeopático a una colmena? El ingenioso apicultor dispuso el remedio disuelto en agua en un recipiente a la entrada, de forma que todas las que pasaban habían de mojarse al menos las patas aunque no quisieran, luego ellas se encargarían de distribuir la información depositada en el agua al resto del colectivo.

Se salvó la colmena y la miel. Aquella pequeña experiencia, al principio de mi práctica como homeópata, fue para mí muy significativa, pues más allá de comprender mejor el drama que vive Arsénicum Album, me confirmó que las extremas diluciones homeopáticas tienen un efecto objetivo. Si en todo acto médico hay un efecto placebo sobre el paciente que quiere curarse y solamente por el hecho de decidir ir al médico ya empieza a ponerse en marcha el proceso curativo, en el caso de las abejas de Santiago, animales ciertamente poco sugestionables, no cabía pensar que el cambio radical en la situación de la colmena, el cese de la diarrea y la adaptación de las abejas a su nueva situación, pudiera ser atribuido a otra cosa que al efecto del medicamento homeopático.

Los que no creen más que en lo que se puede pesar y medir y no dan importancia a lo que no puede ser expresado en cantidades, hablan despectivamente del efecto placebo como si fuera algo indeseable o “poco científico”. Se desprecia el poder del deseo, del anhelo, de la voluntad de mejoría y cambio y al hacerlo se deja de lado una gran fuerza capaz de activar los inmensos recursos curativos que la naturaleza ha dispuesto en nosotros. Ignorar al mismo tiempo la debilidad de la psique humana que necesita soportes materiales en los que apoyar su voluntad de curarse, lleva a la “muy científica” actitud de considerar a la persona enferma poco más que una lavadora estropeada, con problemas eléctricos o de fontanería.

En la práctica exitosa de los veterinarios homeópatas hay un poderoso e indiscutible argumento frente a aquellos que piensan que por no encontrar ningún elemento químico en el remedio homeopático, no puede haber una acción objetiva sobre la persona enferma, más allá del efecto placebo. No es éste el lugar para extenderse en ésta aburridora discusión, pero sirva, como un botón, mi pequeña experiencia en las enfermedades animales.

Sali vivió veinte años con nosotros, era una gata hermosa, de carácter dulce y al mismo tiempo salvaje, conservaba en su genética felina el espíritu libre de sus ancestros. Tuvo muchos hijos, nunca interferimos en su fertilidad, y no nos costaba regalarlos a vecinos y amigos que la conocían. En una ocasión, al cabo de una semana de parir, una de las crías enfermó, respiraba con dificultad y un moco sanguinolento le resbalaba de la nariz. Llevé el gatito al veterinario que no tuvo dudas para diagnosticarle una enfermedad vírica de muy mal pronóstico para la vida de la cría, de sus hermanos y posiblemente de la madre. Ante la falta de tratamiento decidimos sacrificar al enfermo que ya estaba terminal y esperar a ver que pasaba con los demás. Pronto enfermó otro y la madre tuvo una reacción que nos sorprendió, sacó al enfermo de la caja donde estaba con sus hermanos y lo puso aparte, como en un intento de prevenir el contagio pero sin abandonar a ninguno, iba y venía dándoles de mamar a todos. Las molestias que se tomó resultaron infructuosas, toda la camada y ella también se habían contagiado.

El animal de compañía acaba siendo uno más de la familia, ocupa un lugar propio en el grupo y enriquece las relaciones, las humaniza, ya que cada vez más nuestro tiempo lo absorben las máquinas y nuestras vivencias y reacciones se hacen cada vez más mecánicas y automáticas, la convivencia con un animal es a veces el único, débil nexo con lo primigenio que nos provee de emociones y vivencias propiamente humanas.

El ambiente en casa era de duelo, los gatos enfermos y sin esperanza. Me decidí a buscar algún síntoma que me permitiera intervenir con un remedio homeopático y por lo menos salvar a la gata. Sali había cambiado con la enfermedad, estaba celosa, con reacciones agresivas inesperadas. Ambas cosas muy raras en ella, de natural desapegado y pacífico. También me pareció característico que solamente tuviera secreciones en el lado derecho de la cara. Pocos datos pero claros, lo ideal para una buena prescripción. Violenta por celos con catarro del lado derecho, Hyosciamus es el único remedio que cubre éste síndrome mínimo.

Administrar un medicamento homeopático a un gato o a un perro es bastante sencillo, es suficiente que el remedio disuelto en agua les moje el hocico, éste es un lugar exquisitamente sensible del animal por el que absorben las informaciones del agua y del aire y que también da mucha información de su estado interno. Mojamos su morrillo cada cuatro horas con la disolución medicinal y pronto observamos mejoría en la gata, pero lo más notable fue la evolución de los gatitos. La leche de la madre cargada de los anticuerpos que le habían permitido superar la enfermedad actuó como medicamento para los lactantes y se recuperaron todos.

Cada vez es más solicitado el veterinario que pueda abordar y resolver el problema del animal enfermo sin contaminar su leche o su carne con hormonas, antibióticos u otros químicos que acabarán en nuestros platos tarde o temprano. Un profesional capaz de manejar una terapia como la homeopatía que no daña la producción es, ahora que empieza a haber más controles y más demanda de productos biológicos por parte de los consumidores, cada vez más buscado por los ganaderos.

También parece mentira que algo que nos es tan evidente para conservar la salud humana como el ejercicio, la comida sana y la vida en un ambiente limpio y ventilado, haya carecido hasta ahora de la menor importancia cuando de animales se trataba. Poniendo de manifiesto que no es sino la codicia y la brutalidad de algunos humanos lo que les hace ver como brutos e insensibles a los otros seres vivos.

No soy veterinario pero he aprendido mucho de ellos, me gusta escuchar los casos que presentan en los congresos, especialmente las historias de los que se dedican a tratar grandes animales como vacas y caballos me llaman más la atención. Admiro su capacidad de observar y de sacar conclusiones a veces con muy pequeños indicios. El amor que ponen en lo que hacen y la paciencia a la hora de esperar resultados en granjas o entornos rurales a veces poco predispuestos a las sutilezas, tiñe con un matiz heroico sus presentaciones.

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